La primera vez que te rompen el corazón es arrolladora. Aprendes lo que es sentir el verdadero dolor de perder a alguien a quien te habías entregado y con quien lo veías todo de color rosa. Nunca te esperas esta primera vez, porque el primer amor es tan intenso que realmente crees que será para siempre, como así nos enseñaron en los cuentos.
La segunda vez que te enamoras vas con más cuidado, no es fácil recuperarse de la ruptura con tu primer amor. Pero caes. Caes como si todo ese dolor no hubiera servido para enseñarte nada, aunque en realidad lo haya hecho. La segunda vez que te van a decepcionar empiezas a esperártelo, ves las pistas que en el anterior evitabas y comienzas a hacerte a la idea de que tu corazón va a volver a sufrir. Quizá duela igual o más que la primera, pero lo cierto es que la recuperación es mucho más rápida.
Dicen que la primera vez que te rompen el corazón es la más dolorosa. Pero se equivocan. Cuando verdaderamente sientes como todo tu interior se desgarra y no queda más que tu cuerpo sin un ápice de felicidad es en la tercera. Sin ninguna duda, la tercera vez es la peor de todas. La tercera vez que te enamoras tienes ya dos experiencias dolorosas a la espalda, aquí si que llevas cuidado y vas con toda la calma posible. Desconfías. Haces que si una persona quiere estar contigo se lo gane, porque no estás dispuesta a sufrir más. Por esto duele. Después de un largo proceso en el que esa persona ha traspasado todas las barreras que habías construido para que nadie más pudiera dañarte, crees que es lo suficientemente bueno como para ser el último. El que nunca te romperá sino que te hará más fuerte. Una persona que ha luchado tanto por destruir tus muros y entrar en el desierto en el que te habías escondido jamás podría dañarte, ¿por qué iba a esforzarse tanto si no? Pero lo cierto es que puede hacerlo y lo ha hecho. Cuando esa persona a la que has dado una confianza -guardada únicamente para el indicado- te rompe, el dolor es tan amargo que marea. Sientes como todos los huesos de tu cuerpo se entumecen y no puedes respirar. Todo se tiñe de un gris que se va volviendo negro conforme vas procesando lo que ha pasado y sientes que nunca jamás volverás a confiar en nadie, porque nadie merece el dolor de un tercer amor que te decepciona, porque a la tercera iba a la vencida. Porque vales más que sufrir por amor.
Siento que cada vez que me rompen es mucho más difícil arreglarme, como aquel peluche al que tenías tanto cariño pero que acabaste tirando porque no había más tela por donde coserlo. Porque le puedes pedir perdón mil veces a ese juguete, pero seguirá roto, nunca volverá a ser ese fantástico osito que viste en la tienda, suave y dulce. Quizá inocente.
Estoy rota y creo que ya no me puedo arreglar.
- Sita
No hay comentarios:
Publicar un comentario