domingo, 31 de diciembre de 2017

2017

Se acaba un año difícil de etiquetar. ¿Dulce o amargo? Miremos el lado bueno y quedémonos con la parte dulce. Un año dulce como una madre, que me ha abrazado y me ha enseñado mil millones de cosas. Me ha enseñado a confiar y a ser confiable, a amar y a dejar que me amen.
Con un verano caluroso y un invierno corto pero frío, se acaba un año que abarca más sonrisas que llantos, más alegrías que penas y más música que silencios.
Y la verdad es que empezaste de la peor manera posible, pero has remontado hasta crear en mí un sentimiento de gratitud y paz que hacía tiempo que no experimentaba.
Muchos creían que este iba a ser el año del fin del mundo, sin embargo, ha sido el año del inicio de mi mundo. Me he conocido tanto que podría decir que la persona que soy hoy se construyó fundamentalmente en estos doce meses.

Te quiero 2017 y, aunque espero con los brazos abiertos a un feliz 2018, no te pongas celoso, sabes de sobra que te voy a echar de menos.
- Sita

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