Mojito cantaba mucho y jugueteaba si lo sacábamos de la jaula. Cuando lo volvíamos a meter en ella solo intentaba escapar.
Un trágico, aunque ahora alegre, día consiguió salir de la jaula gracias a su pico y escapó por la ventana. Cuando me di cuenta lloré sin parar, sabía que ahí fuera el pájaro moriría.
Tras unas horas triste, sin parar de pensar en lo que le podría estar pasando, mi padre me dijo: "No te preocupes, en los cinco minutos en los que haya estado libre desde que escapó, habrá sido mucho más feliz que en toda una larga vida encerrado".
Mi cabeza hizo 'click' y me sentí egoísta. Me arrepentí de haberle quitado su libertad, de tenerle en una jaula para mi propio disfrute. Al menos fue feliz en sus últimos momentos de vida y se sintió fuerte y libre al escapar de la cárcel en la que yo le había metido.
A día de hoy, sufro con los animales en zoológicos y circos. Ojalá en algún momento toda la raza humana se de cuenta del mal que le está haciendo al mundo.
Por ti Mojito, por los elefantes del circo Gottani y por todos los animales que esclavizamos con nuestro egoísmo. Lo siento.
- Sita
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